Los Baños Públicos necesitan ser Seguros y Accesibles para Todxs, por Anja Neidhardt (traducido al español por VenidaDevenida)

Los baños públicos, tal como los conocemos hoy en nuestra sociedad occidental, están diseñados en torno a la segregación de las personas en “hombres” y “mujeres”: antes de entrar, tenemos que decidir en función de su respectiva señalización entre los baños para hombres y aquellos para mujeres. Cualquiera que sea la puerta por la que pasamos, generalmente nos encontramos en un gran espacio que contiene lavabos y cubículos (y, en el de los hombres, a menudo una serie de urinarios). Si hay una tercera puerta, generalmente lleva un símbolo de una persona en silla de ruedas – una señal que, cuando se compara con las otras dos, parece sugerir que las personas con diversidad funcional no tienen género – y conduce a una habitación con instalaciones que incluyen un lavabo accesible para silla de ruedas para usuarixs con diversidad funcional. Mucho más allá del ámbito de la señalización, el diseño de los baños públicos es problemático – aquellos para personas con diversidad funcional, por ejemplo, con frecuencia no alcanzan la accesibilidad prometida.

Señalización de baño de género-neutro, Baby Wale Restaurant DC. Fuente: Flickr.

Surgen muchas preguntas: ¿Por qué algunos edificios ofrecen menos baños para mujeres que para hombres? ¿Por qué el diseño de los baños públicos trata a las mujeres y los hombres de manera desigual? ¿Por qué los cambiadores para bebés se colocan principalmente en los baños de mujeres? ¿No hay padres con bebés que necesiten tales cambiadores? ¿Que deberían hacer? ¿Por qué los baños accesibles a menudo están cerrados y las llaves fuera de alcance? ¿Cómo deben maniobrar las personas que menstrúan ante la segregación espacial del inodoro y el lavabo? ¿Qué pasa con aquellxs que no se identifican como hombre o mujer? ¿Y aquellxs que no se ajustan a los estereotipos de género en su apariencia? El diseño actual de nuestros baños públicos, de hecho, discrimina a la mayoría de la población.

Los baños públicos no sólo se segregan entre “hombres”, “mujeres” y “personas con diversidad funcional”. También hay menos baños para mujeres que para hombres, aún menos son los habilitados para personas con diversidad funcional. Dado que muchos edificios públicos, los de las empresas y fábricas incluidas, fueron diseñados y construidos por hombres heterosexuales blancos y con cuerpos normativos en un momento en que pocas mujeres y personas con diversidad funcional estudiaban en universidades o trabajaban en bloques de oficinas, por señalar dos ejemplos, estos grupos fueron pasados ​​por alto o ignorados. Aunque hoy en día existen baños públicos para mujeres y personas con diversidad funcional, su número sigue siendo bajo. Como investigadoras de arquitectura y diseño, Kathryn H. Anthony y Meghan Dufresne señalan en su texto “Potty Parity in Perspective: Gender and Family Issues in Planning and Designing Public Restrooms” (2007) que esta forma de discriminación tiene efectos sobre la salud, especialmente para las mujeres. Casi una cuarta parte de todxs lxs adultxs con órganos reproductores femeninos está menstruando en este momento. Las mujeres también son más propensas a sufrir incontinencia o tener que cuidar a niñxs pequeñxs. Esos son factores de estrés, más aún cuando no hay baños (gratuitos) disponibles.

Sólo los cubículos de los llamados baños de mujeres están (a menudo, no siempre) equipados con contenedores sanitarios. Para aquellos que se identifican como hombres, pero que, sin embargo, menstrúan, esto plantea uno de los muchos problemas que conlleva el diseño actual de los baños públicos. Incluso si los cubículos están equipados con contenedores sanitarios, el lavabo se encuentra fuera de éstos. Quien se lava primero las manos para poder cambiarse luego la compresa o el tampón, o vaciar la copa menstrual, todavía tiene que arreglárselas para abrir y cerrar la puerta del cubículo de manera higiénica sin entrar en contacto con nuevos gérmenes. El diseño espacial hace que sea imposible enjuagar la copa menstrual. Antes de vestirse de nuevo y salir del cubículo, sólo puede limpiarse la sangre de las manos de manera incómoda e improvisada con la ayuda del papel higiénico o con toallitas húmedas que haya traído consigo.

Activistas de la iniciativa “People in Search of Safe and Accessible Restrooms” (PISSAR). Imagen de la publicación That’s Revolting! Queer Strategies for Resisting Assimilation.

Estudios como el artículo de Jody L. Herman “Gendered Restrooms and Minority Stress” revelan que el diseño convencional de baños públicos no sólo ignora y excluye a las personas transgénero y de género-no-conforme, sino que también las expone al peligro y puede conducir a situaciones de conflicto. Según una encuesta detallada en el artículo de Herman, al 18 por ciento de lxs encuestadxs se les ha negado el acceso a un baño público, el 68 por ciento ha sufrido acoso verbal, como por ejemplo el cuestionamiento de su género, mientras que el 9 por ciento incluso fue agredido físicamente. El 54 por ciento de lxs encuestadxs informaron sobre problemas de salud atribuibles al hecho de evitar baños públicos (como resultado de aguantarse, por ejemplo). Estos hallazgos muestran que dichas instalaciones no son accesibles y seguras para todxs por igual.

La lista de verificación creada por PISSAR, publicada en el libro That’s Revolting! Queer Strategies for Resisting Assimilation.
Foto: Anja Neidhardt, depatriarchise design.

¿Cómo se puede hacer que los baños públicos sean seguros, accesibles y utilizables por todxs? En 2003, estudiantes de la Universidad de California en Santa Bárbara pusieron en marcha la iniciativa “People in Search of Safe and Accessible Restrooms” (PISSAR). Equipados con una cinta métrica, un portapapeles y una lista de verificación, se pusieron en marcha para patrullar, evaluar, documentar y mapear todas las instalaciones del campus. Su lista de verificación incluía preguntas sobre la señalización de la puerta del baño, sobre la disponibilidad (o no) de pasamanos, sobre la altura de los espejos, lavabos y dispensadores de tampones, y sobre la disponibilidad y ubicación de los cambiadores para bebés. Además de llamar la atención sobre el tema, lxs activistas y los datos que recopilaron ayudaron a resaltar las fallas y presionaron a lxs gerentes de las universidades para que las abordaran. Los esfuerzos de PISSAR no sólo resultaron en el rediseño de los baños, sino también en que la universidad acordó, como política, que todos los futuros proyectos de construcción deberían tener baños accesibles y de género neutro. Aunque el grupo se ha disuelto desde entonces, ha inspirado a muchxs otrxs activistas.

La lista de verificación creada por PISSAR, publicada en el libro That’s Revolting! Queer Strategies for Resisting Assimilation.
Foto: Anja Neidhardt, depatriarchise design.
La lista de verificación creada por PISSAR, publicada en el libro That’s Revolting! Queer Strategies for Resisting Assimilation.
Foto: Anja Neidhardt, depatriarchise design.

Los estudios de arquitectura y diseño deberían aprender de estas iniciativas y trabajar en soluciones. Por supuesto, también las leyes y las normas tienen que cambiar, pero lxs diseñadorxs pueden contribuir significativamente a repensar los encargos públicos y privados. Muy a menudo, los estudios proponen instalaciones basadas en cubículos de género neutro, de planta abierta, que todavía se basan en una separación de inodoros y lavabos. Son sólo una solución superficial. Todavía discriminan a las personas que menstrúan. Y también a las mujeres que buscan un momento para ellas mismas, mirarse al espejo o acomodarse el pañuelo. Momentos en los que todxs deberían sentirse segurxs. Pero el espacio compartido en el que se colocan los lavabos y los espejos no ofrece refugio a la mirada masculina. El estrés que sienten puede ser incluso mucho mayor para lxs supervivientes de violencia sexual.

El concepto de las instalaciones basadas en cubículos y de planta abierta debe ser reemplazado por habitáculos individuales y accesibles, cada uno con un solo inodoro, un contenedor sanitario, un lavabo y sin señalización específica de género. Como consecuencia, no sólo habría suficiente espacio para lxs usuarixs con sillas de ruedas, sino también para las personas con carrito de bebé, y niñxs y personas que necesitan asistencia. Los baños públicos deben diseñarse de manera que sean seguros y accesibles para todxs. También tiene que responder a todas las necesidades y cuidar lxs supervivientes de violencia sexual, especialmente las mujeres y las personas transgénero.

Otras Lecturas

  • Kathryn H. Anthony y Meghan Dufresne, “Potty Parity in Perspective: Gender and Family Issues in Planning and Designing Public Restrooms”, Journal of Planning Literature, 2017.
  • Jody L. Herman, “Gendered Restrooms and Minority Stress: The Public Regulation of Gender and Its Impact on Transgender People’s Lives”, The Williams Institute, UCLA School of Law, 2013.
  • Alison Kafer, Feminist, Queer, Crip, Bloomington: Indiana University Press, 2013.
  • Simone Chess, Alison Kafer, Jessi Quizar, Mattie Udora Richardson, “Calling all Restroom Revolutionaries!”, en: Mattilda Bernstein Sycamore (ed.), That’s Revolting! Queer Strategies for Resisting Assimilation, Berkeley: Soft Skull Press, 2008.

Una versión anterior de este texto se publicó en el número 270 (marzo/abril 2017) de la revista de diseño form.

Anja Neidhardt es doctoranda en el Instituto de Diseño de Umeå y el Centro de Estudios de Género de Umeå.

VenidaDevenida es un colectivo formado por Ana Olmedo y Elena Águila. Su práctica entiende la arquitectura y el diseño como herramientas para producir medios especulativos de investigación y activismo. Su trabajo cuestiona las formas de representación hegemónicas y sugieren alternativas críticas con el propósito de generar un práctica sensible a las políticas de los cuerpos, las identidades y el espacio.

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